lunes, 18 de abril de 2011

Desvarío número 20: ni conmigo ni sin mí


Debo suponer que llevarás siempre la misma chaqueta.
Que las incoherencias, los despistes y el olor a tabaco es lo lógico al acostarse por la mañana.
Que los aguaceros nocturnos de las decisiones que están por venir no significan nada en base a un amanecer soñoliento.
Las suspicacias, el orgullo y esa manía de fricción entre "v" y "b" son comodidades con las que a veces no querría contar.
Y aquí me tienes, pasan los meses, pasan las palabras y todo se lo lleva el viento de lluvia, el que ya no avecina tormenta porque no hay nada que este por venir, solo kilómetros y kilómetros de inatormentable sabana.
¿Pretende que comprenda por fin el compás de 3/8? Entonces, ¿qué será de mi corazón? No me quedaran compases para darle, sabré su ritmo y será algo premeditado para mí, sin alteraciones, sin emociones ni nada que suponga el hecho de que su opinión cuente.
El tiempo me está jugando malas pasadas; soñar con tu boca es ahora un delirio apaciguado por la rutina, y la pasión adolescente se queda muda al ver partir la locura y desembarcar la rutina. Amar a alguien se convierte en piel muerta de recuerdos de anhelos y pasiones, y de esos recuerdos es de donde saco los escrúpulos necesarios para soltar un te quiero en pocas ocasiones y en ocasiones más que escasas un te amo.
Me encuentro perdida en 3 paredes que forman un triángulo de desesperación. "Decídete, o conmigo o sin mí" Pues corazón, lo siento pero por ahora sin mi misma, y que ya decida esas vísceras sin sentimientos que tengo por cerebro.
Es imposible recordar siempre y soñar otro amanecer embadurnado de amoríos y libertinajes, y ahora, en este preciso momento, me es imposible recordar besar tus labios sin oler tu aliento.

domingo, 6 de febrero de 2011

Desvarío número 19: destrucción autómata


Hoy el universo no se ha portado bien conmigo.
Al salir a la calle he perdido algo mas que un billete andrajoso.
Paseo por el parque pero los niños no juegan, yo les ensenaría algún juego de los que veía cuando jugaban los otros niños, pero no tenía tiempo; llegaba tarde, como siempre.
No sé que manía tiene la gente con la puntualidad; llegar temprano es tan de mala educación como llegar tarde. Asi que yo soy una mal educada en potencia, debe ser.
Llego tarde, y las lágrimas no me dejan encender mi mal-liado cigarro. El tinte me debe de haber penetrado en el cuero cabelludo hasta llegar a las neuronas, bueno, mas bien a la neurona que se encarga de liarme los cigarros...
¡Y dicen que las rubias son tontas! Pues a las teñidas tampoco les va mucho mejor.
Y pienso.
No lo pago con nadie, sólo conmigo misma. La tristeza, el compás de 3/8, todo, ha llegado de golpe y a mi se me resbalan los sentimientos por las tuberías de esta casa sin paredes.
Y la pago conmigo.
Y fumo, fumo mucho, y bebo, hasta que mis riñones se llevan bien con el "vozka" de 3'99 del supermercado aquel.
Y me auto destruyo a mi misma. Destruyo mi cerebro a base de drogas ¡No lo necesito!
Nadie lo necesita.
Pero yo hoy, tengo una escusa para fumarme la conciencia y beberme la sinrazón.

jueves, 27 de enero de 2011

Desvarío número 18: el faro que no me alumbra


Necesitaba escribir.
Aunque fuera del tiempo que hace.
Y hace frío, mucho frío...
Y mientras en mi balcón me fumo el último cigarro de la noche me pregunto ¿dónde está?
¿Donde coño te has metido, corazón?
Asqueroso vacío...está jugando al escondite...pero yo soy demasiado mayor como para jugar con él.

¿Dónde está esa luz? Esa luz cálida a la que me dirigía como las polillas en noche buena a las luces que enciende el corte inglés...
Esa luz se apagó, y ahora me toca bailar sola en esta estúpida oscuridad que envuelve mi entorno.
No hay paredes, y cuando ando me tropiezo.
La solución supongo que sería volar...pero hace tiempo que se me olvidó, además tengo rotas las alas papel maché.
Ya me habían advertido sobre ir con mariposas, al final te vuelves gusano cansado de volar y no poder...
Estoy perdida, y tu estás jugando al escondite.
Vuelve, por favor.
Enciende el faro y vuelve...