lunes, 18 de abril de 2011

Desvarío número 20: ni conmigo ni sin mí


Debo suponer que llevarás siempre la misma chaqueta.
Que las incoherencias, los despistes y el olor a tabaco es lo lógico al acostarse por la mañana.
Que los aguaceros nocturnos de las decisiones que están por venir no significan nada en base a un amanecer soñoliento.
Las suspicacias, el orgullo y esa manía de fricción entre "v" y "b" son comodidades con las que a veces no querría contar.
Y aquí me tienes, pasan los meses, pasan las palabras y todo se lo lleva el viento de lluvia, el que ya no avecina tormenta porque no hay nada que este por venir, solo kilómetros y kilómetros de inatormentable sabana.
¿Pretende que comprenda por fin el compás de 3/8? Entonces, ¿qué será de mi corazón? No me quedaran compases para darle, sabré su ritmo y será algo premeditado para mí, sin alteraciones, sin emociones ni nada que suponga el hecho de que su opinión cuente.
El tiempo me está jugando malas pasadas; soñar con tu boca es ahora un delirio apaciguado por la rutina, y la pasión adolescente se queda muda al ver partir la locura y desembarcar la rutina. Amar a alguien se convierte en piel muerta de recuerdos de anhelos y pasiones, y de esos recuerdos es de donde saco los escrúpulos necesarios para soltar un te quiero en pocas ocasiones y en ocasiones más que escasas un te amo.
Me encuentro perdida en 3 paredes que forman un triángulo de desesperación. "Decídete, o conmigo o sin mí" Pues corazón, lo siento pero por ahora sin mi misma, y que ya decida esas vísceras sin sentimientos que tengo por cerebro.
Es imposible recordar siempre y soñar otro amanecer embadurnado de amoríos y libertinajes, y ahora, en este preciso momento, me es imposible recordar besar tus labios sin oler tu aliento.

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