Querido Corintio, me echo de menos.
No encuentro como describir el vacío que se ya no siento, por que ya no siento. Te has llevado los muebles, las paredes, las cortinas, ventanas...hasta las repisas de nuestra chimenea, en la que nos alentábamos en esos fríos otoños...
No me mal interpretes, yo te deje llevártelos, lo sé. Me he dedicado a destruirte poco a poco, hasta que anidásemos con las manos entrelazadas mirando al suelo, cabizbajos, hablando de frivolidades y odiándonos, al mismo tiempo que ya no sabíamos vivir sin rozarnos a menos de tres milímetros.
Corintio, ojalá volviese a nacer, y lo recordase todo. Por ti aguantaría la condena de volverme loca al llevar dos vidas en mi alma, solo para hacerte feliz, solo por ti, ya nunca por mi. Pero verás Corintio, yo no te daría todo ese amor que tanto has necesitado siempre, yo me apartaría de ti para morirme en mi propio cáncer.
Tengo un cáncer casi incurable, y "no creo que salga de esta". Para cuando nos volvamos a ver solo seré cenizas de aquello que algún día viste.
Me quemo, y ya no quiero que apagues el fuego, quiero arder, y creeme, querido, mis venas rezuman gasolina.
Te preguntaras los por qués, y es muy sencillo, he dejado de mirar atrás para mirar a otro lado.
Querido Corintio, espero que algún día me perdones el querer tu felicidad.
Siempre en tu alma, Némesis.

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