jueves, 17 de junio de 2010

Desvario número 14; tumbada entre nubes y hierba


Me tumbé en la hierba.
Apoyada en él, fumandome un cigarro. El humo se confundía con las nubes.
¿Por qué era todo tan complicado? Rezumaba para mis adentros...
Le miraba de cerca, ¿por qué no me besas y rompes ya esta estúpida magia? ¡Tírame el cigarro! ¡Haz que las nubes se confundan conmigo!...¿A qué esperas?¿Qué necesitas?
¿Una señal, no? Yo soy una señal.
Señal de que acabaré tumbada en la cama llorando, señal de que me olvidarás y yo te recordaré por arraigo de sentirme querida y esas tonterías sentimentales. Señal de que este no es ningún final, ni ningún comienzo. Señal de que, rozarte los labios con el alma, es lo único que conseguiría que viese el sol entre tanto humo de nube...
Él se levantó.
¡No me lo puedo creer!¿Después de decirle todo eso con la mirada pretende que se lo diga con la voz? ¿Por qué no me ha entendido? ¿Acaso no habla mi idioma?
Vivíamos en mundos sumamente diferentes...
-Siéntate y bésame.

Ahora yo hablaba su idioma. Teníamos falta de comunicación; nunca supimos de perdernos entre veso y berso.

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